2008 - VILLA OCAMPO, Mar del Plata (Centro Cultural ). Presentación del libro Marta Díez Máscaras - Esculturas & Rubén Vela - Poesías y exposición de máscaras el 12 de diciembre.

Por Ester de Izaguirre

Quien se detiene en cada una de las máscaras de Marta Díez y llega a la altura crítica del gran poeta Rubén Vela para quién como lo dice con su pluma de poeta la máscara es una de las primeras representaciones de la "Aventura religiosa del hombre"

Son varios los significados de la palabra máscara

-Bufonada: figura a veces ridícula que se hace de cartón, tela, o alambre con que una persona puede taparse la cara para no ser conocida.

Pretexto, disfraz, velo, simulación.

Y no puedo dejar de recordar los comienzos del teatro griego a través de las efusiones dionisiacas. La verdadera protagonista de los orígenes del teatro en Grecia fue la máscara por supuesto después del megáfono con el que amplificaban la voz y todos los demás recursos con los que se representó para el mundo Antífona. Edipo Rey.

Desde el siglo VI antes de Cristo en el teatro griego se colocaban la máscara para ser otro. La máscara era un alma, una identidad agregada y diferente. La máscara escindía en dos a una persona.

La máscara está pues al servicio del desdoblamiento del hombre. De ella y a través de ella surge la mirada y la voz del otro. ¿Y que de la máscara en si sin la servidumbre al actor, al hombre? Nunca se me había ocurrido esta independencia en la definición de la máscara hasta que leí este trabajo e Rubén Vela y contemplé en su estudio las creaciones de Marta Díez. Nunca se me había ocurrido la función, la belleza, la expresividad de la máscara en si cuando es obra de arte como las de Marta Díez.

Cuando contemplé su obra y vi la belleza y el misterio de una cara sin ojos doctores acechando, cuando vi que el misterio había reemplazado a la mirada pude aquilatar el arte de lo incomprensible y de lo inexplicable. Y ese enigma no se puede manifestar con cualquier máscara que se adecue a una cara. A ese arcano podemos vislumbrarlo a través del arte, de la belleza, de la forma y del color.

¿Quién se oculta detrás de las órbitas vacías? (poesía dedicada por Ester de Izaguirre a Marta Díez). Un reinado de belleza. No es que falten los ojos, ellos enfrentan realidades interiores y nos miran. Están y no podemos verlos porque la realidad es un límite. Acá contempladores. Allá el misterio total de la belleza.

Entrar al mundo de Marta Díez no provoca el temple de ánimo que tenemos en una exposición de pintura o escultura, no es lo que experimentamos el escuchar bellos poemas ni cuando nos envuelve una música de Mózart. Es la belleza inquietante del misterio, del milagro hacedor de símbolos, de sentimientos inexpresados.

Las suyas son máscaras y esculturas que sugieren aquel arte cuando el hombre raigal, unido a su naturaleza externa a su propia naturaleza humana atrapaba primeras misteriosas formas para invocar a los dioses. No se circunscriben a mostrar rasgos y colores para llegar al todo de la imagen. En cada una de sus obras hay una síntesis de belleza. Es un gran paisaje humano el misterio que el hombre conlleva. Y tan misterio es que cada uno no sólo ve el enigma del otro sino la increíble ocultación.

En los ojos de todos los hombres podemos detectar la tristeza y la alegría, el triunfo, la derrota, cada uno de los infinitos sentimientos. En las máscaras de Marta Díez los ojos son signos abismales de la nada y del todo. Estremece esa noche del alma, laberinto sin salida, puerta clausurada para mostrar sólo la belleza del misterio.

La máscara no puede mirarnos pero su ceguera nos adivina

A continuación leyó los siguientes poemas:

La Máscara

Yo se lo que es

lo que oculta

nadie sospecha

que o que está mirando

es la frontera

de un país inexplorado

y no figura en la guía

ni en los mapas.

2

Lenta curva de médanos

se adecúa al perfil

de mis arenas.

No hay tempestad

ni vientos desolados

que puedan despojarme

de esa ofredad que soy.

De esta máscara extraña

que miradas ajenas me forjaron.

3

Allí están

dispuestas al engaño

de su cartón ardido.

Hay una para cada ocasión

para cada abominable enfrentamiento.

La máscara del tiempo

hecha de brevedad y olvido.

Está la del amor

la única que puede ocultar

la epifanía del gesto.

Y luego la última

la inmóvil, la tenaz y pervertida

la que imita la cara verdadera.

Pero el tiempo después

contribuirá también

con las cenizas.

SEÑALES

Alguien prenunció

su isonja impura

entre todas las máscaras

de sombra

Algo se arrastra

por la tierra atónita

y algo muere

en el aire

de septiembre.

BRINDIS

Brindo por las sentencias de los días

que me hicieron encontrarte aquella tarde,

por ese rostro tuyo que es el rostro del futuro

y del recuerdo

De todo lo que en la vida e ha soñado

de todo lo que antes de tener hemos perdido

brindo por la ilusión y el desencuentro

por este absurdo que hace que el hombre sea mas

hombre

Por este imposible que hace que la vida sea más vida

por esa estrella que decimos nuestra

sólo porque podemos mirarla cada noche

y a lo mejor no existe, apagada de súplicas.

Brindo por las máscaras tuyas, por las mías

porque el tiempo no pueda con tu imagen

porque algún día tomados de la mano

nos sorprenda el milagro.

NO TE HE LLORADO

En tu rostro detenido

contemplé todas las máscaras

que alguna vez se detendrán conmigo

no te he llorado, amiga,

porque quiero alcanzar con silencios

la hondura del no estás.

Quiero que alguien me ayude

a conversar tu ausencia

de café y librerías

de música y poemas.

Donde hay un Cirineo que me ayude

esta mañana sin tus buenos días.

Ya no me está gustando

resolver crucigramas

y acariciar los hábitos.

Buenos Aires mira

desde alguna bandera desgarrada.

COMO SI NADA HUBIERA SUCEDIDO

Hasta el aire era extraño. Ya no quedaba nada.

Me busquen las barrancas que tenían

olor a lluvia verde y miel de otoño.

Reconocí en los ojos de una chica perdida

esa mirada absorta que aguardaba sucesos y milagros.

¿y que pasó después?

Todavía le pregunto a los cielos

en los que no asoma la violencia del rayo

ni la piedad celeste de un eclipse

por qué no ocurren cosas.

No tengo más que un tiempo que se acaba

ni más piel que la que está languideciendo.

En la casa de mi infancia había otras gentes

como si nada hubiera sucedido

recobraban las aves su linaje de viento

sobre el árbol querido que me llenó de signos.

Quiero librar de cárceles el rostro

de máscaras, de sombras

para encontrar entera a la criatura

que dejé en esta casa arrebatada.